elBulli1846 es la herencia visitable de elBulli, el restaurante donde Ferran Adrià revolucionó la manera de entender la cocina. Es el primer y único restaurante del mundo convertido en museo. Este año cumple su tercera temporada como espacio para “comer conocimiento”, según el lema/metáfora de Adrià. Y efectivamente es un lugar donde el turismo gastronómico en la Costa Brava cobra una nueva dimensión. A 8 kilómetros del centro de Roses, una carretera desde la que se divisa el mar y bordeada de viñedos conduce a un lugar ubicado en un paisaje idílico en el Parque Natural del Cap de Creus (Girona): Cala Montjoi.

Cala Montjoi se hizo famosa entre los comensales exploradores de aventuras culinarias y los profesionales que querían cocinar vanguardia. Ahora, si eres amante de la gastronomía, debes ir a elBulli1846. Allí se encuentra concentrada y documentada la historia del restaurante que lo cambió todo con su creatividad sin límites. Una memoria viva palpable en diferentes instalaciones artísticas y audiovisuales en un entorno mediterráneo con arquitectura audaz junto al antiguo edificio Bulli. Pero ahora, allí no se va a degustar creaciones sorprendentes, sino a aprender y a recordar los hallazgos innovadores de un restaurante liderado por visionarios.
El nombre del museo es en honor del famoso cocinero y escritor francés Auguste Escoffier (considerado el parte de la cocina moderna), que nació en 1.846, y es el número de los platos que se sirvieron en elBulli. El último, en la cena final del 30 de julio de 2011, fue un postre escoffierano, el Melocotón Melba, cuyo dibujo está en el museo: era un juego con tres huesos miméticos (uno hecho de helado de almendra, otro de helado de melocotón y otro de leche de almendra tostada) que imitaban el hueso real del melocotón.

Curiosidades como esta jalonan el viaje por el legado creativo del elBulli, expuesto en unos 4.000 metros cuadrados con 69 instalaciones artísticas, conceptuales y audiovisuales. El recorrido lleva aproximadamente dos horas y media, pero el tiempo de la visita depende del apetito del público para paladear la historia y los logros del que fue el mejor restaurante del mundo.
Un camino entre pinos adentra al público en el Bosque de la Innovación, que plantea las constantes preguntas que se hacía el equipo bulliniano: ¿Qué es cocinar?, ¿Qué es crear?, ¿Qué procesos intervienen en el día a día de la restauración? Instalaciones y vitrinas muestran dibujos de Ferran Adrià, fotografías, esculturas y objetos arqueológicos que explican en paneles y vitrinas las primeras técnicas y herramientas empleadas para cocinar y responden cuestiones: ¿Cómo empezó la cocina?, ¿Cómo hervían en el Paleolítico?” .

Unas figuras blancas, como maniquís gigantes con cabeza perruna, acompañan inmóviles el paseo de los visitantes del museo. Son recuerdo/homenaje a los bullinianos, profesionales de todo el mundo que se entrenaron en el restaurante y cuyos nombres aparecen en unos paneles. Ahí están figuras como Joan Roca, Andoni Luis Aduriz, René Redzepi, José Andrés o Massimo Bottura.
Todo el trabajo de elBulli está convenientemente datado y explicado. Las recetas y las elaboraciones bullinianas requerían muchos pasos y estaban cargadas de significados. Eso se muestra en las instalaciones escultóricas del museo con fotos y explicaciones. Un buen ejemplo es el plato de 1995 Pollo al curry, en el que el humor formaba parte de la búsqueda de complicidad con el comensal. La idea del plato venía de la típica pregunta “¿qué prefieres, muslo o pechuga?”, y el pollo al curry era en realidad un helado salado. Esta elaboración fue un icono de la llamada deconstrucción o desestructuración. Cada uno de los ingredientes (en este caso el pollo, la manzana, el curry, el coco, el ajo y la cebolla) se sometían a un proceso diferente, cambiando su textura y aspecto de forma radical.
Otra famosa creación que los visitantes conocen (o recuerdan) en el museo es la Espuma de humo, hecha en 1997, toda una provocación de las muchas que hubo en la trayectoria bulliniana.

Una experimentación sorprendente que se explica en elBulli1846, nada menos que de 1998, fue la gelatina caliente. De nuevo con imágenes y detalles del plato Gelatina caliente de trufa negra con piel de bacalao, conocemos cómo se creó un estilo hoy asumido en restaurantes internacionales y que llevó a la cocina internacional el uso del agar-agar, un gelificante hecho de algas habitual de la cocina asiática.
Y hay más recuerdos de las audacias bullinianas, hoy llevadas a cabo hasta por los niños de Master Chef Junior: las esferificaciones. De 2003 es el Caviar esférico de melón un snack fruto de una nueva técnica realizada con alginato sódico y que logra esferas de distintos tamaños y texturas.
En el viaje por este museo donde según Adrià “se come conocimiento” a muchos sorprenderá ver elaboraciones de los años noventa y de principios de este siglo hoy algunos exhiben como novedades en redes sociales y congresos. ¿Quién no conoce el bizcocho aéreo? ¿O la piel de leche? ¿O esas perlitas llamadas esferificaciones?
La filosofía experimentadora del restaurante liderado por Ferran y Albert Adrià y Juli Soler la resume un letrero de neón con la máxima “Crear es no copiar” a la entrada del edificio histórico que albergó elBulli durante 50 años y al que se accede tras el paseo por el exterior.

Primero se accede a la terraza, donde los clientes tomaban el café al final de la comida o esperaban a entrar con extraordinarias vistas a Cala Montjoi. Una vez en la sala, de un estilo clásico que contrastaba con la vanguardia servida en las mesas, el público ve que se conservan todos los elementos originales (manteles, vajillas, cristalerías…) en el mismo sitio y una filmación permite revivir un servicio en el comedor de elBulli. También se visita tal cual la cocina, donde un amplio espacio de vitrinas expone vajilla, cubertería experimental y utensilios diseñados en exclusiva para elBulli como las cucharas con agujeros para las especificaciones o las hoy omnipresentes pinzas de emplatar. También hay recreaciones de platos icónicos en plástico al modo de los shokuhin sanpuru que hay en los restaurantes de Japón. Precisamente la gastronomía de este país fue clave en las creaciones de elBulli y el museo muestra abundantes ejemplos de ello.
La experiencia en el museo finaliza con elBulliDNA, una disruptiva instalación que tiene forma de roca y se integra en el paisaje del Cap de Creus. Muestra todos los proyectos que se han llevado a cabo desde 2011, incluida la Bullipedia (enciclopedia de libros temáticos) y una vez que termina la temporada del museo es el espacio concebido para la investigación que lleva a cabo elBullifoundation sobre la gastronomía del futuro. Y en esa rocosa cueva vanguardista hay un secreto fuera de ruta: Sant Stomak, una sorprendente capilla de surrealismo pop diseñada por el artista Antoni Miralda y su esposa cocinera Montse Guillén.

Para visitar elBulli1846 hay que ir alimentado o llevarse bocadillos para disfrutar en la playa de Cala Montjoi, pues en este museo gastronómico no hay comidas, aunque Ferran Adrià no descarta en un futuro organizar experiencias culinarias. Por el momento, lo que se satisface es el hambre de datos, ya que elBulli1846 pone a disposición de los visitantes una guía multimedia gratuita con contenidos adicionales para enriquecer la experiencia y es accesible conectando el smartphone.
“Quienes pudieron comer en su día en elBulli se van a emocionar con los recuerdos”, afirma Ferran Adrià y sostiene que también impactará a quienes no estuvieron en el restaurante. “elBulli1846 pretende salvaguardar el legado de elBulli y que todas las personas que visiten el museo comprendan cómo el restaurante consiguió generar un impacto tan grande a nivel mundial”, añade Lluís García, director general de elBullifoundation y quien fue responsable de reservas en elBulli, una tarea de malabarismo en un espacio para el que se requerían meses para encontrar mesa.
Temporada 2025: Hasta el 1 de noviembre.
Abierto de martes a sábado, salvo excepciones.
Horario: De 9:30 a 17:00 (último acceso a las 14:00).
Visitas guiadas de 10.30 a 13.00.
Tarifa general: 27,5€
Tarifa reducida: 20,5€



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