De Parker a las Uvas Michelin. ¿Nos importan las puntuaciones de los vinos a la hora de comprarlos?

De Parker a las Uvas Michelin. ¿Nos importan las puntuaciones de los vinos a la hora de comprarlos?

La fiebre por las listas de los mejores restaurantes del mundo es alta, cada año aumenta, y cómo no, había que incluir la industria del vino, que mueve grandes cantidades de dinero y proporciona mucha publicidad a sus protagonistas. 

Michelin no solo otorgará sus famosas estrellas a los restaurantes, también las bodegas tendrán su brillo. En vez de estrella, una Uva Michelin. Y como las estrellas, el logo será un macaron rojo pero con un añadido: el hábito del racimo de uvas y con ciertos rasgos de un sacacorchos. 

Las Uvas Michelin saltarán a la mesa mediática este año, aun sin confirmar la fecha. ¿Habrá gala de Uvas? No se sabe. Sí se sabe que se lanzarán los primeros racimos para bodegas de Borgoña y Burdeos, dos regiones emblemáticas del panorama vitivinícola. Y tiene su lógica, la empresa de neumáticos que publica la guía roja desde hace 125 años es francesa y por supuesto tira para casa.

Imagen de un viñedo./ The World’s 50 Best Vineyards 2025

Anunciadas en París a finales de 2025, las Uvas Michelin se presentan como “un nuevo reconocimiento destinado a convertirse en la referencia de excelencia en la producción vinícola, dirigido tanto a los neófitos curiosos como a los expertos apasionados”, según Gwendal Poullennec, director internacional de la famosa guía. 

Los inspectores del vino, como los de restaurantes, serán profesionales del sector contratados por Michelin. Habrá sumilleres, críticos especializados y expertos en producción, pero la empresa no precisa si serán anónimos. La clasificación seguirá las pautas del asunto estelar: tres, dos y una. Las tres uvas es lo máximo, y premiarán “a productores excepcionales”, aquellos que “sea cual sea la añada, los amantes del vino pueden confiar plenamente en los que elabora esta bodega”. Las dos uvas distinguen “productores excelentes, que sobresalen dentro de su región y entre sus pares, tanto por la calidad como por la constancia de sus vinos”. Una uva se la darán a “productores destacados, que elaboran vinos con carácter y estilo”. Luego señalarán productores recomendados, los que “son fiables”.

Todo fenomenal. Vinos solventes para apuntar en el cuaderno de viajes o consultar en la guía, en papel o digital. ¿Y nadie tiene la ocurrencia de hacer un listado de vinos que no merecen la pena, de bodegas nacionales e internacionales (tanto de vinos como de espumosos) que son un bluf?

Utopías aparte, está claro que la entrada de la Guía Michelin en el sector del vino supone la irrupción de una marca con enorme capacidad de influencia en un panorama donde ya existen sistemas de puntuación consolidados, como los de Robert Parker Wine Advocate, Wine Spectator, Decanter o Jancis Robinson. Más allá de la órbita anglosajona, las guías españolas de vinos más conocidas son las del veterano Peñín y la del Grupo Gourmets.  

Michelin ha decidido ahora poner el brillo estelar de sus galardones en el sector bodeguero, pero la tendencia del reconocimiento global de los mejores viñedos  del mundo no es nueva. 

En 2019 The World’s 50 Best, promotora de la lista de los mejores restaurantes del mundo lanzó su ranking de las mejores bodegas del globo, The 50 Best Vineyards. La edición de 2025, dada a conocer en noviembre en Australia, incluye ocho conocidas bodegas españolas (Ysios, Pago de Carraovejas, Tío Pepe, Perelada, Vivanco, Gramona, Abadía Retuerta y Marqués de Murrieta) que ofrecen “excelentes experiencias enoturísticas”. Ese es el argumento de las recomendaciones de un jurado de 700 expertos en viajes y enoturismo, siguiendo una división del mundo en 20 regiones geográficas. Como “Lo más” y “el mejor» vende, The World’s 50 Best no solo es un escaparate de restaurantes, tiene listado de bares, coctelerías, hoteles y bodegas.

Galardón de los mejores viñedos del mundo. / THEWORLD’S BEST VINEYARDS

¿Casualmente? También en 2019 Michelin instauró su premio al Mejor Sommelier y se hizo propietaria de Robert Parker Wine Advocate (RPWA), la guía más influyente en el mundo anglosajón, con la que había empezado a organizar eventos de comida y bebida a todo lujo en Singapur, Hong Kong y Macao. Fundada por el estadounidense Robert M. Parker en 1978, la guía basada en puntuaciones con máximo de 100 promovida por este Abogado del Vino (Wine Advocate), que destila más de 40.000 reseñas al año, presume de ser la autoridad internacional sobre la materia. Por tanto, el maridaje con la parkerización de los vinos le viene bien a Michelin. 

La guerra de copas está servida entre las biblias de la opinión vitivinícola. Y en la copa flotan los intereses comerciales. Lo que todo el mundo en el sector gastronómico reconoce es que en las guías y las listas de tops mundiales hay mucho dinero detrás. Les interesan a los promotores, a los patrocinadores y a los que salen en el ranking. El medallero es una estrategia de venta y difusión. Y ¿cómo comprobar si no eres un especialista la solvencia y la importancia de una pegatina o un punto dorado en la etiqueta de la botella? “Hay tantos concursos de vinos y en tantos sitios que da la sensación que puedes tener un premio cuando te dé la gana”, ironiza una joven bodeguera. 

Al igual que resulta obvio qué restaurantes y qué países invierten para quedar bien posicionados en las listas y guías, hay bodegas potentes que hacen lo mismo. Los pequeños viticultores interesantes pero que no pueden gastar dinero para entrar en el salón mundial de la fama no te los encuentras puntuados en los rankings. Menos mal que Instagram es una oportuna ventana para que enólogos y productores muestren sus botellas y sus terruños y generen sed de conocimiento en el público de las redes sociales.  

Pero ¿esas listas les interesan a la gente corriente, al público no especializado? ¿Esa obsesión comercial por la medalla de oro o los cien puntos es una muestra más del esnobismo que impregna la publicidad del vino? ¿Hasta qué punto los consumidores, ellos y ellas, se orientan con las guías o el medallero de los concursos a la hora de comprar un vino? 

Racimo de uvas. / MICHELIN

Consultadas diversas tiendas de vinos, me comentan que algunos clientes llegan con un recorte de los comentarios y notas de cata de los expertos que publican los suplementos de fin de semana de los periódicos pero que la mayoría pregunta por las recomendaciones de quienes regentan dichas tiendas y se fían de su criterio. Rara vez, me dicen, preguntan por los vinos que puntúan las guías, ya sean de la anglosajona Parker o de la española Peñín. Lo mismo sucede en los restaurantes de alta gama. Muy poca gente se interesa por los vinos puntuados en las guías, afirman sumilleres de restaurantes con estrellas, quienes eligen sus cartas catando en bodegas y en ferias. 

Valorar un vino es muy subjetivo, depende de cada persona y sus gustos así como de lo que se quiera gastar. Pero cuanto más se prueba y se investiga más se alimenta el criterio. Frente a las listas convendría reivindicar la opinión directa de los buenos profesionales. Efectivamente hay que explorar, visitar bodegas y ferias abiertas al público y fiarse de los sumilleres de nuestros restaurantes favoritos y de los profesionales de las vinotecas, de esas personas que detectan joyas desconocidas, no solo las grandes marcas, y que saben orientar. 

  • ESTE ARTÍCULO HA SIDO PUBLICADO EN GASTRONOMÍA DE EL CONFIDENCIAL. 

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