Da igual que sea en Paris, en Tokio o en Miami, Disneyland pierde la oportunidad de ejercer valores alimenticios. Y lo mismo sucede en los parques temáticos españoles: comida procesada, llena de grasas y azúcares, precios abusivos, largas colas… La gente se lanza a la diversión, pero también a la comida basura. Comer sano en los parques temáticos es una fantasía, una ficción.
Mucho azúcar, mucha grasa, zumos artificiales, bebidas con gas… Los ultraprocesados reinan en los recintos de aventura y fantasía, pero la mayor fantasía es encontrar comida sana. Nada de zumos naturales hechos al momento, de ensaladas nutritivas, de puestos de comida a la brasa… Venga frituras y comida rápida de bajo nivel. Lo más ofertado: pizza con queso elástico como chicle, burgers y perritos calientes chorreantes de ketchup, mostaza y mayonesa de sobre. Encontrar comida sana, fresca o adaptada a alergias severas es casi misión imposible.

Eso sí, abunda la decoración llamativa, la ambientación con personajes de película, los juguetitos y envases atractivos para embaucar al público infantil. Hay boquitas sibaritas que no se conforman. El hijo de una amiga pidió tras un día intenso, de esos de 20.000 pasos, en Disneyland París: “¿Por qué no reservamos en un restaurante y vamos a cenar?” Y mi propia hija pidió “llevar la comida de casa en una tartera” porque no le apetecía “la comida aburrida del parque”. Pero son la excepción de criaturas con paladar educado, un caso que desafortunadamente no abunda.
Las familias más avispadas cuelan comida, ya sea bocatas o fruta aprovechando los supermercados cercanos o el buffet (si es pasable) del hotel. Pero la norma general es que no se puede llevar comida salvo en contadas excepciones.

La organización de consumidores FACUA ya lo denunció el año pasado, ante el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, pidiendo la apertura de expedientes sancionadores a PortAventura (Tarragona), Isla Mágica (Sevilla), Parque Warner (Madrid) y Terra Mítica (Alicante), los principales parques temáticos de España. Estos recintos prohíben oficialmente la entrada de comida y bebida del exterior alegando medidas de seguridad o higiene, pero FACUA considera abusiva esta prohibición y señala que esta restricción responde exclusivamente a intereses económicos. El objetivo, según la organización, es forzar a los visitantes a consumir en los establecimientos o máquinas expendedoras del interior, donde los precios son elevados. Una ración de patatas puede superar los 7 euros, una hamburguesa los 15 euros y los tan de moda formatos de bocatas XXL más de 20 euros. Una comida para una familia de cuatro puede llegar a los 100 o 150 euros.
FACUA resalta que en parques europeos como Disneyland París y Parc Astérix en Francia, Europa-Park en Alemania o Legoland Windsor Resort, en Reino Unido, se puede acceder sin problemas con comida y bebida del exterior, siempre que no sean recipientes de cristal o bebidas alcohólicas.
Pero la queja de FACUA no parece haber surtido efecto y aparecen como una insuficiente excepción los parques de diversión en España no restrictivos con la comida ajena aunque tengan oferta propia. El recinto de recreación histórica Puy du Fou (en Toledo) permite alimentos y bebidas (sin vidrio ni objetos punzantes), pero no llevar neveras duras y cuenta con zonas de picnic. También permite consumir comida propia en zonas delimitadas el Parque de Atracciones de Madrid. En estos dos lugares es posible el acceso con comida para bebés, regímenes especiales por alergias o intolerancias justificadas y botellas de agua pequeñas.
Mucha decoración fantástica pero poca comida real
¿Tanto les cuesta a los demás parques temáticos tener manga ancha en el asunto del acceso del público con alimentos propios? ¿Por qué se apuesta más por la ambientación, por la decoración inmersiva y fantástica y la omnipresencia de reclamos de juguetes y merchandising, que optar por la comida de calidad? ¿Por qué se sigue manteniendo el perfil nutricional bajo en sitios que deberían ser ejemplares para la educación alimentaria del público infantil?
Del mismo modo que Disney o Universal promueven valores sociales en sus películas y sus corporaciones, podrían aprovechar la oportunidad de asumir los valores de sostenibilidad y comida saludable en sus instalaciones de diversión colectiva.

En Japón, donde culturalmente la comida debe ser buena para cuerpo y alma, también hay guarricomida en sus parques temáticos, como Universal o Disney. He visto cosas como una esfera verde simulando un calzone o empanadilla rellena de yakisoba y queso fundido que daba repelús. Los procesados no faltan, aunque conviven con opciones caseras de tradición nipona como los onigiris (bocadillos triangulares de arroz y alga nori), sopas de miso y de almejas, pollo rebozado karaage o sandwiches de kale con frutas y nueces. Estas propuestas más digeribles se pueden encontrar en la taberna de Pikachu en el nuevo PokéPark cercano a Tokio.
Volviendo a territorio nacional, en el restaurante hawaiano de Port Aventura, Bora Bora, sirven carnes y pescados cocinados en el horno de carbón, poke bowls, woks con fideos, ensaladas y oferta vegetariana. También en Creek View tienen comida para celiacos y en el restaurante mediterráneo Racó de Mar ofrecen arroces y ensaladas.
Parece que hay algo de luz nutricional en algunos parques. Lo que demuestra que si se quiere se puede. Pero “falta comida real”, opina la cocinera especialista en alimentación saludable y nutrición de vanguardia Bego Lluch. Miembro de la Real Academia de Gastronomía y de la asociación de chefs Eurotoques, Lluch echa de menos lo mismo que muchas familias, hartas de bebidas industriales: “Tendría que haber sitios que hicieran batidos y zumos de frutas naturales exprimidos al momento. Porque eso tampoco es tan caro y es facilísimo. Los niños al final necesitan estar hidratados porque caminan mucho”.
“A alguien que va a ir a un parque temático yo le aconsejaría salir de casa ya con un buen desayuno. Por ejemplo, unos huevos con pan bueno y una fruta, un yogur con avena, frutos rojos y unas semillas, un porridge con plátano y crema de almendra… Cosas así. Si desayunan zumo de brick y bollería enseguida tendrán hambre. Hay que meterles en la mochila agua, algo de fruta y frutos secos”, recomienda Lluch.

“Lo ideal sería que la gente pudiera comer en estos parques comida auténtica. Hacen como en los menús infantiles de los restaurantes: croquetas, fritanga, nuggets, salchichas, ketchup… Al final todo es azúcar, grasas y cero nutrición. No necesitas manejar todo el rato ultraprocesados y todo envasado. Puedes hacer al momento una pizza o una pasta buena, o un pollo asado, unas patatas asadas y una ensalada de lechuga fresca, aliñada con aceite bueno”, sugiere la nutricionista. “¿Qué les impide hacer algo así? No creo que sea una cuestión de costes, es una cuestión de propósito. Yo entiendo que en los parques temáticos quieran prolongar la fantasía también con la comida, pero si eso lo haces dando una comida tan procesada y con tanto azúcar y tantos refinados y tantas grasas, perjudicas a la persona que come”.
Está claro que la gente va a los parques a disfrutar, pero si el disfrute de las atracciones se complementa con una comida saludable sería una experiencia más satisfactoria. Como dice Lluch, “tendrían que hacer una reflexión profunda de por qué están poniendo esa comida que muestra tan poco respeto por la salud del que va a pasar un día estupendo con su familia. No son conscientes del impacto que tiene la comida en la salud de las personas. Si es todo procesado y no fresco y natural es una falta de conciencia total, creas una cultura de masas mal alimentadas”.
- ESTE ARTÍCULO HA SIDO PUBLICADO EN GASTRONOMÍA DE EL CONFIDENCIAL.



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